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sábado, 23 de octubre de 2010

LOS TZELTALES

TZELTALES

Lumalbajtik: “nosotros, pueblo de ‘la palabra originaria’”, batzil k’op
LOS PUEBLOS TZELTALES Y TZOTZILES PERTENECEN A LA GRAN FAMILIA MAYA de cuyo tronco se desprende una rama que emigra de los Altos Cuchumatanes, Guatemala, a los Altos de Chiapas. Su origen en Chiapas es remoto.
Comienzan a asentarse en los Altos de Chiapas entre 500 y 750 a.C. Y a partir del año 1200 d.C. se da la diferenciación de lengua y región como parte del patrón de asentamiento variado en tzotziles y tzeltales.
En la actualidad conforman la mayoría étnica de Chiapas y el 34 por ciento del total de la población indígena en la entidad. La mayoría habita en la zona central de los Altos, que cuenta con una población indígena de entre 70 y 100 por ciento de la composición étnica municipal. La población mestiza de la región se concentra sobre todo en la ciudad de San Cristóbal de las Casas y en algunas cabeceras municipales de poblaciones menores como Ocosingo, Teopisca y Altamirano.
Los tzeltales se definen a sí mismos como “los de la palabra originaria”, batzil k’op. El concepto evoca una memoria de origen del hombre maya cuya herencia (oral) se recrea en la costumbre y las prácticas de saber. Como metáfora se relaciona además con la palabra primigenia de sus primeros madres-padres creadores.
El tiempo de creación del hombre maya, de acuerdo con el Popol Vuh referente al mito maya-quiché, se reconoce en la voz de los dioses: “La hora para la siembra y el amanecer se está acercando... tenemos que hacer al que nos sustentará y nutrirá.¿De qué otra forma podremos ser invocados y recordados sobre la faz de la tierra?”
En la memoria mítica permanece el sentido ético que constituye al hombre fiel sobre el motivo de su origen, cuya imagen surge de la palabra creadora: verdadera, y se manifiesta en un ser “de reconocimiento”, de ofrenda, que comparte sus frutos con las divinidades y la madre tierra.
En pueblos de cultura oral el mito forma parte del tejido de la memoria comunitaria y se conserva en imágenes clave que garantizan su permanencia. Una de éstas aparece en la idea de hombres originarios que hace referencia al origen de tzeltales, tzotziles, choles y tojolabales: los mayas. Según se ve, en el mito y sus imágenes se incorporan signos de un modelo o paradigma orientador. El mito forma parte de la trama de sentido y aparece como recurso ético de identidad, no sólo del relato, como se verá, sino en un horizonte imaginario, visual de inteligibilidad y carácter legitimador. Los relatos del mito de origen del mundo, de los primeros madres-padres y del maíz, son fundadores y, según las imágenes, su manifestación imaginaria se urde en un sistema en clave (de la memoria oral), de símbolos que son soporte de la identidad.
Según el mito tzeltal de Tenejapa, los primeros hombres eran swa winik y fueron creados con un cuerpo sin manos y un solo pie. Ellos poblaron el mundo, los dioses vieron que no les servían porque no les rezaban, ni podían reproducir familia. Tampoco sabían hacer la milpa.
Los dioses dialogaron y se lamentaron: nuestras criaturas no nos rezan ni nos adoran.
Estos primeros hombres fueron entonces castigados y desaparecieron a raíz de movimientos de la tierra, wujtik latalum. Cuentan los ancianos que una segunda creación fue de hombres que cuando se iban a la milpa se encontraban en el camino y pasaban dialogando en el nombre de Rios (Dios).  Siempre se tardaban en el saludo y sus pláticas, y nunca llegaban a sus milpas, eso tampoco les gustó a los dioses de arriba.
Esos antiguos habitantes de Tenejapa se les conoce como Antuva winiketi’k y se dice que desaparecieron por las grandes inundaciones. Aquellos antepasados eran hombres gigantes y malos, agresivos con sus vecinos, e ignoraban a los dioses, no los respetaban, por eso los dioses se disgustaron. Y fue así que Sme pulel, dios del diluvio inundó el pueblo. La mayoría murió y muchos lograron sobrevivir encaramándose a los árboles y las partes altas de los cerros o protegiéndose en las cuevas. Los sobrevivientes empezaron a hacer fogatas y los dioses vieron que salía humo y enviaron otras divinidades llamadas Abatetik. El dios padre envío a transformarlos para que la historia no dejara testimonios de los tiempos del diluvio.
Los dioses los transformaron en monos, les jalaron la cola, las orejas (versión de María Intzin Meza, de Chacomá, Tenejapa).

          
Los tzeltales
(winik atel)
Los tzeltales se llaman a sí mismos winik atel, que significa "hombres trabajadores". Su lengua -a la que denominan batsilk'op o "lengua verdadera"- pertenece al grupo Maya-Totonaco, familia Mayanse y está íntimamente emparentada con el tzotzil. El tzeltal se caracteriza por ser una de las lenguas indígenas más ricas en su vocabulario; no posee variantes dialectales de importancia, por lo que resulta fácil la comunicación entre los miembros de las diferentes zonas.
 De acuerdo con el XI Censo general de población y vivienda, en el estado de Chiapas habitan 258 153 hablantes de tzeltal mayores de cinco años, mientras que a nivel nacional se registraron 261 084. Si a esta cantidad se suman los 60 255 menores de cinco años que viven en hogares cuyo jefe habla tzeltal, el total de los miembros de este grupo étnico es de 321 339.
 Los tzeltales se localizan en una extensa zona del estado de Chiapas; la mayor parte de ellos habita en la región conocida como los Altos, y un número menor se asienta en el norte de la entidad. Los municipios tzeltales con mayor superficie son los de Ocosingo, Chilón y Altamirano, y los que presentan una mayor densidad de población son Tenejapa y Oxchuc.
 La región de los Altos de Chiapas se encuentra en la cadena montañosa central, que se eleva hacia el sudeste desde el valle del río Grijalva. Esta zona constituye un macizo montañoso con numerosas cumbres, barrancas y cañadas, y tiene una altura promedio cercana a los 2 000 msnm. La mayoría de los terrenos están formados por laderas, por lo que son poco propicios para la agricultura y la ganadería; además, sufren un severo proceso de erosión. Los ríos de la región son pocos y de escaso caudal; entre ellos sobresale el Amarillo y el Yaxamal.
 El clima de los Altos de Chiapas se distingue en dos épocas: la de secas, que inicia en noviembre y concluye en mayo, y la de lluvias, que comienza en los últimos días de mayo o en los primeros de junio y termina en octubre. La temperatura media anual es de 20º C en las tierras templadas, comprendidas entre los 800 y 1 550 msnm. Las tierras frías, ubicadas a poco más de 1 500 msnm, tienen una temperatura media anual que oscila entre 12 y 15º C. La mayor parte del territorio goza de un clima templado húmedo.
 La vegetación está formada por diversas especies de confieras que, en los municipios de Huixtán y Chanal, representan bosques con posibilidades de explotación maderera. La fauna ha sufrido graves daños, aunque aún se pueden encontrar conejos, tuzas, ardillas, mapaches, zorrillos, culebras, tlacuaches, venados y pájaros de hermosos colores.
 La zona norte, de terrenos más bajos y planos, tiene un clima que va de templado a caluroso; las lluvias son abundantes y hay ríos de cierta importancia. Buena parte de los terrenos son fértiles y en algunas partes la vegetación es exuberante, con bosques de maderas preciosas. Asimismo, la fauna es rica en especies.
 La principal actividad económica es la agricultura. La producción en los Altos es raquítica e insuficiente para satisfacer las necesidades familiares, debido a que las tierras se encuentran sumamente fraccionadas y su explotación ha aumentado por el crecimiento poblacional; a lo anterior se suma la mala calidad de las tierras cuyos terrenos son escarpados, deslavados y erosionados. El maíz es el principal cultivo y absorbe el trabajo de casi todo el año; se cultiva mediante las técnicas de roza, tumba y quema, con el auxilio de azadón, arado de palo, machete y el hacha. Debido a que la cosecha no cubre las mínimas necesidades alimentarías de la familia, los tzeltales se ven obligados a buscar trabajo como asalariados en el Soconusco, o a emigrar en forma definitiva, principalmente a la selva lacandona. En la parte baja, de mejores condiciones productivas, se cultiva fundamentalmente café y cacahuate.
 Es poca la importancia de la ganadería, ya que el ganado mayor es prácticamente inexistente en la parte alta y en la baja los pastizales son controlados por los mestizos.
 Las difíciles condiciones de vida de esta etnia se ven reflejadas en las estadísticas. Según el INEGI, en Chiapas existen 189 289 tzeltales mayores de 12 años, siendo su condición de actividad la siguiente: los individuos económicamente inactivos suman 102 987; los activos ascienden a 84 267, de los cuales 82 898 están ocupados y 1 369, desocupados; la condición de 2 035 no se especifica.
 Las viviendas presentan diferencias de una comunidad a otra, aunque en su mayoría mantienen las mismas características. La casa tradicional tzeltal tiene paredes de bajareque, piso de tierra apisonada y techo alto de cuatro aguas de palma, zacate o teja, que termina en un remate abierto que permite la salida del humo del fogón. Generalmente son rectangulares, de un solo cuarto con una puerta al frente y ventanas pequeñas. En las cabeceras municipales y comunidades de fácil acceso, se ha extendido la utilización de ladrillos y tejas para la elaboración de paredes y techos, y de cemento para los pisos. El mobiliario consiste en bancos de madera, vasijas de barro, metate, trastos de peltre, camas de tabla o petates. Algunas casas cuentan con corrales para los animales y baño de temazcal o push.
 Los servicios de agua potable, luz eléctrica y drenaje se concentran en las ciudades de los mestizos. La energía eléctrica sólo llega a las cabeceras municipales indígenas y a los parajes de fácil acceso. En la mayoría de las localidades tzeltales existe una grave carencia de servicios de drenaje y agua potable. Asimismo, los sistemas de conducción y descarga de aguas residuales carecen de las instalaciones indispensables para su adecuado procesamiento, lo que provoca la contaminación de mantos acuíferos. La población que vive dispersa en caseríos rurales, se abastece con agua de pozos y sufre la carencia de los servicios básicos.
 La instrucción escolar se imparte en las escuelas primarias, localizadas en los municipios; las cabeceras municipales cuentan por lo menos con telesecundaria. El rezago educativo es enorme, pues 31% de los tzeltales no tienen ningún tipo de instrucción y solamente el 4% cuenta con más de seis años de estudio. El índice de analfabetismo supera el 50% de los mayores de 15 años; esta situación se asocia tanto a la existencia de escuelas unitarias en donde un maestro atiende a todos los grados, como a las escuelas incompletas en donde sólo se imparten los primeros grados de educación básica.
 En el campo de la salud el panorama también es crítico, siendo las enfermedades posibles de prevenir las que más estragos causan a la población. Los principales problemas se deben a enfermedades infectocontagiosas, gastrointestinales, desnutrición y anemia, además de registrarse una alta incidencia de tracoma, tifo y tuberculosis. Los servicios de asistencia médica, proporcionados por el Instituto Nacional Indigenista en sus centros coordinadores de San Cristóbal y Ocosingo, así como por el Programa IMSS-Solidaridad y la Secretaría de Salud, no han sido suficientes para modificar las graves condiciones de salud de la población tzeltal.
 En un esfuerzo por mejorar estas condiciones, algunos médicos tradicionales tzeltales se han agrupado en dos organizaciones. Una de ellas, la Organización de Médicos Indígenas del Estado de Chiapas (OMIECH), reúne a curanderos tzeltales y tzotzil de los municipios de Chamula, Chenalhó, Larraínzar, Tenejapa, Oxchuc, Huixtán, Simojovel y Las Margaritas. Además de ser de las más numerosas, es pionera de este tipo de organizaciones, pues fue fundada en 1986 con 750 asociados. El objetivo de la OMIECH es buscar el fortalecimiento, preservación y difusión de los conocimientos que poseen los médicos indígenas de Chiapas, así como el desarrollo de las medidas necesarias para mejorar las condiciones de salud de las comunidades indígenas chiapanecas.
 La otra agrupación se denomina Organización de Terapeutas Indígenas Tzeltales, A.C. (ODETIT), fue formada en 1991, y tiene su sede en Ocosingo. Cuenta con más de 63 asociados procedentes de 18 localidades de los municipios de Altamirano, Ocosingo y Oxchuc; su principal objetivo es fortalecer la medicina tradicional, por medio de pláticas, reuniones y encuentros de médicos tradicionales. Asimismo, la Organización ha participado en la detección y control del tracoma en el albergue escolar de Cha'aonil, y trabaja en el proyecto de investigación sobre legislación de la medicina tradicional.

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